¿Cómo estás de verdad?
“¿Cómo estás?”
Es una pregunta que hacemos muchas veces al día.
Y también una pregunta que respondemos casi siempre de la misma manera:
“Bien.”
“Todo bien.”
“Tirando.”
A veces es verdad.
Pero otras veces respondemos automáticamente. Porque estamos acostumbrados a hacerlo. Porque no sabemos muy bien qué contestar. Porque no queremos preocupar a nadie. Porque sentimos que lo que nos ocurre no es suficientemente importante como para hablar de ello.
O simplemente porque llevamos tanto tiempo funcionando que hemos dejado de preguntarnos cómo estamos realmente.
Y quizá ahí empieza una parte importante del cuidado de nuestra salud mental: poder detenernos y preguntarnos cómo estamos realmente.
Cuando seguir funcionando hace difícil darnos cuenta de que no estamos bien
Hay personas que llegan a consulta después de meses, incluso años, sosteniendo situaciones que les están generando un importante malestar.
Y muchas veces llegan diciendo:
“No sé si esto es para tanto.”
“Realmente no me ha pasado nada grave.”
“Hay gente que está mucho peor.”
“Yo siempre he podido con todo.”
“Quizá simplemente estoy cansada.”
Son frases muy habituales.
Y detrás de ellas puede haber cansancio, ansiedad, tristeza, irritabilidad, dificultad para dormir, sensación de estar sobrepasada, pérdida de ilusión, problemas para disfrutar, desconexión de uno mismo o una sensación difícil de explicar de que algo ya no está funcionando como antes.
Pero como seguimos haciendo nuestra vida, podemos pensar que no necesitamos parar.
Vamos a trabajar.
Cuidamos de otras personas.
Cumplimos con nuestras responsabilidades.
Hacemos la compra.
Respondemos mensajes.
Organizamos la semana.
Sonreímos.
Seguimos adelante.
Y funcionar no siempre significa estar bien.
No hace falta estar al límite para pedir ayuda
A veces pensamos que pedir ayuda psicológica es algo reservado para cuando ya no podemos más.
Como si primero tuviéramos que demostrar que nuestro malestar es suficientemente grande.
Pero pedir ayuda no debería ser necesariamente el último recurso.
También puede ser una forma de escucharnos cuando empezamos a notar que algo está cambiando.
Quizá llevas un tiempo más irritable.
Quizá estás cansado incluso después de descansar.
Quizá te cuesta disfrutar de cosas que antes te hacían bien.
Quizá estás evitando situaciones o personas.
Quizá tienes la sensación de estar siempre pensando y nunca consigues desconectar.
Quizá estás atravesando un cambio importante y no sabes muy bien cómo colocarte en esta nueva etapa.
Quizá simplemente tienes la sensación de que no estás bien, aunque no sepas explicar exactamente por qué.
No hace falta tener todas las respuestas para empezar a hablar de ello.
Hay cosas que aprendemos a decir demasiado tarde
“Necesito parar.”
“Esto me está superando.”
“No puedo con todo.”
“Necesito ayuda.”
“No sé qué me pasa.”
“Creo que llevo demasiado tiempo sosteniendo esto.”
Son frases que, para algunas personas, pueden resultar muy difíciles de decir.
A veces hemos aprendido que debemos ser fuertes.
Que tenemos que poder.
Que pedir ayuda significa no ser capaces.
Que primero están las obligaciones y después nosotros.
Que mientras podamos seguir adelante, no hay motivo para preocuparnos.
Y así podemos acostumbrarnos a convivir con un malestar que, poco a poco, se convierte en nuestra normalidad.
Hasta que un día nos damos cuenta de que llevamos demasiado tiempo sin preguntarnos cómo estamos.
Entonces, ¿cómo estás de verdad?
No es necesario hacer un gran análisis de nuestra vida cada vez que alguien nos pregunta cómo estamos.
Pero quizá sí podamos detenernos de vez en cuando y prestar atención a algunas preguntas:
¿Cómo me estoy sintiendo últimamente?
¿Estoy descansando o simplemente estoy parando de hacer cosas?
¿Tengo espacio para mí o llevo demasiado tiempo atendiendo únicamente lo que necesitan los demás?
¿Estoy disfrutando de mi vida o simplemente cumpliendo con ella?
¿Hay algo que llevo tiempo intentando ignorar?
¿Estoy pudiendo hablar con alguien de lo que me ocurre?
No se trata de buscar problemas donde no los hay ni de convertir cualquier momento difícil en un problema de salud mental.
Se trata de algo mucho más sencillo:
Escucharnos.
Cuidar nuestra salud mental también es escucharnos
Hablar de salud mental no debería limitarse a hablar de trastornos, diagnósticos o momentos de crisis.
También tiene que ver con nuestra capacidad para reconocer lo que sentimos, comprender qué necesitamos, pedir ayuda cuando la necesitamos y construir una vida en la que podamos estar presentes, no solamente funcionar.
A veces necesitaremos atravesar una etapa difícil.
A veces estaremos tristes, preocupados, enfadados o cansados.
Cuidar nuestra salud mental no significa evitar todas esas emociones.
Significa poder reconocerlas, darles un espacio y encontrar recursos para atravesarlas.
Y, cuando no podemos hacerlo solos, poder pedir acompañamiento.
No tienes que esperar a estar al límite
No tienes que justificar tu malestar comparándolo con el de otras personas.
No tienes que demostrar que lo que te ocurre es suficientemente grave.
No tienes que tener un diagnóstico para poder decir:
“Algo no está bien y necesito hablar de ello.”
Quizá este Día Mundial de la Salud Mental pueda servirnos para hacernos una pregunta sencilla.
Una pregunta que hacemos constantemente a los demás, pero que no siempre nos hacemos a nosotros mismos:
¿Cómo estás de verdad?
Y quizá esta vez podamos quedarnos un poco más con la respuesta.
Si necesitas un espacio para hablar de ello
En ocasiones, poner en palabras lo que nos está pasando no resulta sencillo. Un espacio de acompañamiento psicológico puede ayudarnos a comprender mejor qué estamos viviendo, qué necesitamos y qué cambios podemos empezar a hacer.
Si sientes que llevas un tiempo sin encontrarte bien o que hay algo que te está resultando difícil de sostener, puedes solicitar una primera cita para valorar juntas qué necesitas en este momento.
Beatriz Mármol Psicología
Psicóloga General Sanitaria
📍 Bilbao y Gernika
🌐 www.beatrizmarmol.com
